Este fin de semana empecé un curso de cuentacuentos, y de nuevo viví la misma sensación, contar a otros algo que a tí te hace sentir, que a ti te remueve y contarlo desde la honestidad y la verdad de tus emociones no solo te hace sentirte bien, sino que te hace sentirte orgulloso de quién eres, te hace quererte y quererlos más aún y con más honestidad.
Sin duda eso es el hecho más diferenciador para mí entre las situaciones de mi vida que me hacen amar a la vida y al ser humano y las que me hastían, aburren, doblegan, oprimen,.... la verdad, simplemente la verdad que hay o no en ellas. Voy a un trabajo que me aburre y con el que soy incapaz de ilusionarme, porque no soy yo de verdad en él, leo noticias de políticos y me entristezco, me es inevitable, y es solo porque no hay nada de verdad personal en ellos y en sus discursos, voy a un voluntariado en el hospital, o con los peques y salgo levitando por encima del suelo, y es porque en esas relaciones está mi verdad, ahí estoy yo de verdad, en una reunión con amigos, en un encuentro con un amor... ahí esta nuestra verdad, y esa es la esencia de la felicidad, al menos para mí.
Objetivo vital por tanto, poner mi verdad en todo lo que haga, poner el corazón en cada actividad y en cada relación de mi vida, cuánto más cerca esté de ese objetivo más momentos de felicidad me adornarán.
Os dejo un maravilloso cuento de Benedettí que habla también de la verdad, y una escena hermosísima de slava polunin
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/benedett/noche.htm
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