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viernes, 7 de junio de 2013

Dignidad

Viendo tu compromiso
tu actitud y tu valor
siento vergüenza de mi mismo,
como parte de esta macabra función

De este mundo tan injusto
tan mentiroso y cabrón
donde la rueda aplasta al iluso
que pensó que viajaba en el mismo vagón

Escucho vuestras historias
con rabia  y vergüenza, con pena y dolor,
las lágrimas de la desmemoria
se asoman a ojos que aúllan traición

La vida os sonreía,
y vosotros pagasteis con vuestro sudor,
ahora alguien arranca la vía
por donde viajaban tus sueños... y tu corazón...

Más ante tanta ignominia
surge tu espíritu anti-rendición
el amor por tu familia
la dignidad de tu condición

Tu actitud me maravilla
y me muestra del ser humano lo mejor
todos vosotros sois la semilla
de vuestra propia salvación

El mundo es egoísmo e injusticia
eso está claro si miro a mi alrededor,
el poder que corrompe la vida,
el magnetismo perverso de la ambición

Pero también es solidaridad compartida
trabajo y esfuerzo, valor y pasión,
dignidad por uno mismo conseguida
por mucha injusticia que vomite el patrón...


lunes, 29 de marzo de 2010

La suciedad.... de la mirada.....


Luna llena, perdido en tierras malagueñas, solo otra vez, leyendo mientras una lágrima escapa furtiva, imposible detenerla. Este texto me recordó algo que hablamos don Daviz, con cariño y respeto, pero es algo que tiene que ver con una antigua conversación, y con lo fácil que es hacer juicios de lo desconocido....


"El problema se agudiza cuando la suciedad o limpieza asciende a un plano simbólico: el asignado por la sociedad que juzga. Y ahí, por mucho que las damas estén inmaculadas, estrenen ropa y mantengan en orden el entorno donde les ha tocado en suerte dormir, las miradas del otro las arrojarán sin compasión el estigma de ser mujer sin hogar: "y seguro, seguro, que prestas tu cuerpo a cambio de protección", " y seguro, seguro que tienes un precio", y "seguro, seguro,.." que la sociedad no tiene ni la más remota idea (más que aquellas que aportan los prejuicios, los estereotipos y el pensamiento vago) de cómo viven las mujeres sin hogar. De que no forman un ejército uniforme de actitudes y conductas. Que son tan variopintas y diversas como las damas integradas. Y que, finalmente para quedarme a gusto tras esta retahila, la suciedad en infinidad de ocasiones no reside en el cuerpo cansado de una mujer sin hogar. La suciedad se esconde en la mirada. De quien observa, juzga libremente y no hace nada...."

lunes, 8 de marzo de 2010

Las cosas que cambian, y las que no


En mi camino de encuentro con grandes obras de la literatura universal me topo ahora mismo con la historia de Oliver Twist, huérfano desde niño que en medio de la sociedad londinense del siglo XIX sufre del desamparo del pobre, del que está solo y sin dinero.
Maltratado por todos aquellos que se vanaglorian de su bondad y altruismo descubre en sus carnes el significado de la palabra hipocresía. Solo llevo unas decenas de páginas y ya he sentido rabia en varias ocasiones, y las lágrimas han estado a punto de aflorar en otras tantas.
El domingo, después de un fin de semana de diversión y compañía tuvimos un encuentro con la realidad de esos que te abofetean sin misericordia, y te enfrentan con la realidad y contigo mismo. Encontramos a un hombre, a las diez y media de la noche que deambulaba por el centro de Madrid, cerca de la catedral de la almudena, que estaba llena de luces, imponente, el hombre era un rumano de unos cuarenta y tantos años, cojeaba, y se ayudaba para andar de una muleta en su mano derecha y de un bastón en su mano izquierda, transportando sus pertenencias en una pequeña mochila a su espalda. Cuando nos cruzamos con él nos preguntó por un albergue, el cuál hace años que no existe, el hombre nos contó que había salido ayer del hospital por un golpe recibido de un coche en sus piernas, no estaba grave pero si dolorido y con bastante dificultad de movimiento. Un amigo avisó al Samur social para que vinieran a recogerlo y llevarlo a algún albergue donde pasar la noche calentito, puesto que ayer hacía bastante frío, nuestra sorpresa e indignación fue mayúscula cuando el Samur le contesta que tardará una hora y media más o menos, !una hora y media!, ¿que podía hacer este hombre?, ¿esperar una hora y media sentado en la calle pasando frio a que vinieran a recogerle?.
Mientras esperaba podría ver la catedral con toda su iluminación, el pasar de la juventud de vuelta de fiesta o acercarse a la plaza mayor a compartir su mala suerte y su destino con otros compañeros de infortunio.
Las cosas cambian, ciertamente, ahora hay un Samur Social con trabajadores y voluntarios que se afanan por ayudar y proporcionar una cama calentita, comida, abrigo, apoyo,... si, las cosas han cambiado mucho desde los tiempos de Oliver Twist, pero ¿qué destino le espera a nuestro amigo? ¿realmente existe alguna posibilidad de salir de su situación y tener una oportunidad de ganarse la vida honradamente aspirando a lo mismo que cualquiera de nosotros?.... ¿realmente vivimos en una sociedad que proporciona oportunidades a todos?... ¿realmente el estado de bienestar que tanto vendemos lo es para todos?.....

lunes, 22 de febrero de 2010

Trabaja!!


Fría noche de un domingo lluvioso, toda la ciudad huele a humedad, toda la ciudad resuda humedad, el frío comienza a calar los huesos, la luz hace tiempo que marchó. Las calles se ven aún bulliciosas, mucha gente aún apura el fin de semana antes de volver a la rutina semanal, al odiado lunes. Otra gente en cambio no distingue entre domingo y lunes, su vida no presenta esas diferencias, entre el gentío una figura oscura, a la par grotesca y graciosa trata de conseguir unas monedas en la plaza mayor para asegurarse lo único que puede ya asegurarse, "ir tirando".
Su nombre es Tomei, sus ojos han visto ya muchas primaveras desde que salió de su Rumanía natal, mucha vida, muchas gentes,.... mucho de todo. Lo ves con su traje de "héroe", mitad "el zorro" mitad "sanchopanza", el maquillaje esparcido a brochazo por su cara luce corrido y ajado, como síntoma de antigua grandeza y presente decadencia, sus ojos, tristes y oscuros desmienten lo que el traje pregona, testigos últimos de una vida dificil.
Ellos, tres muchachos veinteañeros, con sus ropas a la última moda, pasean por los soportales de la plaza entre cartones y hombres, riendo y bromeando, disfrutando de la juventud,.... de detrás de una columna surge Tomei, como antiguo bufón salta chilla y corre, los asusta, pero no demasiado, ellos tras el susto inicial pasan a la risa y la mofa, su orgullo adolescente compensa el susto inicial con esa pose de gallito que todos conocemos, la del miedo camuflado. Mientras siguen caminando entre bromas Tomei desde atrás les pide una moneda, "un eurito amigos, para un café", uno de ellos se gira, y con una mirada cargada de desprecio y burla le suelta, "Trabaja", se gira y lanza una mirada de suficiencia hacia sus compañeros de andanzas mientras se aleja.
Tomei hace una mueca y se vuelve, que otra cosa puede hacer.
En la distancia un observador mira con ira y desprecio, maldito niñato, que cojones sabrás tú lo que es trabajar, que cojones sabrás tú lo que es la vida....
Alrededor el mundo sigue su curso, la gente prepara sus "camas" de cartón para afrontar otra noche más, otro día más, otro desprecio más....